
“Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede”.
Caracol de Oventick.
LA SABIDURÍA ME PERSIGUE, PERO YO SOY MÁS RÁPIDA...

Esta mañana no sólo se olía a café recién hecho y tostadas. Por toda la casa se respiraba el rebosar de mis fantasías, ilusiones y emociones. Guiada por aromas que me son familiares, ahora lejanos, saben muy amargos. Sólo hizo falta un “bip” para que la estancia quedara impregnada por un fétido hedor.
Ahora sólo siento una armoniosa melodía llena de paz; es la música que producen las teclas del teclado; escribir es un consuelo a mis penas.
Hoy me desperté con ganas de más. Y si te vas?... peor, y si me voy? Qué cambiará? Qué pasará? Puede que nadie llegue a comprenderme, leerme o escucharme; puede ser que la vida vaya al revés; que la tierra pegue botes en vez de dar vueltas; que los "buenos" dejen de serlo, y que los malos no dejen de serlo; puede que me quede sola o tal vez no; puede que me deje llevar por mis sentimientos alguna vez; puede que caiga, tropiece y me permita quedarme sentada un buen rato sin pensar en ti; puede que piense en estupideces convertidas en fantasías de seducción; puede que sea incapaz de cumplir con mi promesa; puede que la vida se me caiga encima y no sea capaz de levantarla.
Hace un momento leía: “El amor es un estado mental donde se vive más de fantasía que de realidad”. Una esperanza fácil de conseguir; pero difícil de elegir No crees?
Necesito salir de estos pensamientos de frustración, averiguar qué es lo que se cuece Qué es lo que me estoy perdiendo hoy aquí sentada?

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
Hoy, 19 de octubre es el Día Mundial del Cáncer de Mama, así que toca ponerse el lazo rosa en un lugar bien visible y salir a la calle a lucirlo para apoyar a las miles de mujeres que sufren esta enfermedad. Este lazo, es ya, símbolo palpable de la esperanza; porque pese a la realidad hay datos para la esperanza. He leído que es más que posible que 1 de cada 12 mujeres españolas padezcan alguna vez cáncer de mama pero también he leído que la gran mayoría de esas mujeres ganan esa dura batalla. Lo mejor de todo es que la ciencia cada día evoluciona más, tanto o más que la valentía de las mujeres que lo padecen y que día a día libran sus batallas. Josep Baselga (oncólogo prestigioso; Director de Oncología y Hematología del Massachusetts General Hospital de Boston) declaró hace unos meses que en veinte o treinta años habremos conseguido erradicar el cáncer de mama como causa de muerte. Decirme si este no es un dato que eleva el ánimo y abre puertas a la esperanza. Yo tengo claro que sí.
Al paso de los días de octubre, el mes rosa. También, mes internacional de concienciación sobre el cáncer de mama, el mensaje lanzado por la Federación Española de Cáncer de Mama bajo el lema “el cáncer de mama puede curarse si se detecta a tiempo” es muy simple: la detección precoz y el tratamiento del cáncer de mama salva vidas. Por tanto, investigación y prevención precoz son las claves para llegar más pronto que tarde a la curación. Por ello, hoy hago un llamamiento y pido que se implementen más políticas de concienciación sobre el cáncer de mama. Porque esta es una de las enfermedades que más muertes provoca en mujeres de entre 35 y 54 años. Porque los especialista, ya lo ven, coinciden en que no hay mejor protección contra el cáncer de mama que la mamografía, una prueba sencilla que permite la detección de pequeños tumores que por su tamaño resultan imposibles de ser detectados por palpación.
Por otro lado, os pido que os suméis y participéis en la iniciativa femenina de este año a través de Facebook donde a través de la red las mujeres, intentamos hacer algo especial y original para aumentar la conciencia y visibilidad del mes rosa como mes de la lucha contra el cáncer de mama. El año pasado, dejamos a los hombres aturdidos pero este año se están quedando asombrados. Si la idea para 2009 era escribir en los estados de nuestros perfiles el color de nuestro sujetador este año decimos donde dejamos el bolso al llegar a casa. Recordad el fin de esta iniciativa y demostrar como de potentes somos las mujeres.
Finalmente, quiero mandar el abrazo más sentido y cariñoso del mundo a todas las mujeres que han pasado o están pasando por ese mal trago. También quiero decirles a ellas y a sus familiares y amigos que por mucho que nuestro corazón llore no dejéis que las esperanzas mueran.
Resulta curioso como las cosas vuelven a uno. Hace ya bastante que había dado por perdidas todas las publicaciones convertidas en html de este blog. Más aún, había dado por irrecuperables mis ganas por este hobby. Sin embargo, a menudo me he sorprendido a mí misma narrando mentalmente una historia. Y es que, sin darme cuenta, ahora resulta que no he parado de escribir en todos estos años.
Intentando coger de nuevo las riendas de mi blog os confieso que echaba de menos la melodía producida por las teclas del teclado mientras se escribe una historia



Pero lo que importa al caso es que la vieja le está contando un cuento al niño. La historia trata de un pescador que un día naufraga, baja al fondo del mar, se casa allí con una princesa y, durante un año, vive feliz en aquel reino submarino. Todo eso sucede en un país lejano y en los tiempos remotos de Maricastaña. Pero luego el pescador empieza a sentir nostalgia de su vida anterior y pide permiso para regresar a su aldea y pasar unos días con su antigua familia terrestre. La princesa acuática intenta disuadirlo, suplica, llora, lanza veladas amenazas, pero él se obstina erre que erre en el viaje. Regresa, pues, a lomos de un tritón, y descubre que, allí arriba, han transcurrido trescientos años. No reconoce la aldea, y todos sus parientes han muerto hace ya siglos. Quiere entonces volver a su reino, pero no encuentra el camino, y a la orilla del mar se convierte de golpe en un viejo de trescientos años, y muere enajenado, como el rey Lear. En la viñeta B, Manuel Pérez ha dibujado la aldea y el reino del reino submarino, todo ello envuelto en un marco ondulado, para que se note bien que, frente a la viñeta A, ese mundo es ficticio, y pertenece solamente al relato.Dentro del cuento, naturalmente, había algunos ruidos, que el niño oía con la imaginación: las palabras de los personajes, el canto de las sirenas, las voces lejanas de los marineros y, sobre todo, el trajín de las olas. Fuera del cuento había también otros ruidos, como por ejemplo las campanadas del reloj, el piar de los pájaros y, sobre todo, el rumor de las hojas del evónimo, que parecía sumarse al relato con sus cuchicheos y sus repentinos silencios. Quien haya escuchado alguna vez una historia de miedo habrá tenido la impresión de que, en efecto, los ruidos del mundo real se van incorporando, por sugestión, al mundo imaginario. Y al revés: un crujido en el pasillo nos invita a pensar que el asesino se ha salido del cuento y viene en nuestra busca. Ahí lo tenemos ya, y según se acercan sus pasos, los límites entre la realidad y la ficción se desvanecen y confunden.Y luego ocurrí otra cosa: que al niño Manuel le pasaba exactamente lo contrario que al pescador, porque si éste, al volver a su aldea, descubre que durante su año de estancia en el mar han transcurrido en tierra trescientos años, aquel descubría que al regresar de los muchísimos años de la ficción (o del único año, según se mire), en la vida real sólo habían pasado los quince o veinte que su abuela había tardado en contarle la historia.Y había, además de los ruidos y el tiempo, un tercer motivo de perplejidad: el pescador, al subir a su aldea, se encuentra con que las cosas ya no son las mismas de antes. Del mismo modo el niño, al volver del reino fabuloso del cuento a la aldea de la realidad objetiva, descubría que también en las cosas del corral se habían producido cambios inquietantes. Y así, por ejemplo, resultaba que el evónimo estaba ahora contaminado por la ficción. El evónimo (con su rumor, sus sombras, sus sigilos) comenzó entonces a ser para Manuel algo más que un árbol o un arbusto. Verlo y escucharlo a cualquier hora (incluso en el recuerdo de ese instante) era y es como rememorar el mundo de las realidades ficticias. El rumor de sus hojas ya será, para siempre, algo más que eso: son también las olas del mar, bajo las cuales hay un reino secreto.Al cabo del tiempo, Manuel Pérez piensa que, en su primera experiencia estética, le ocurrió algo muy semejante a don Quijote. Porque es de suponer que don Quijote, al inicio de su locura, debió de sufrir la impresión de que la silueta de un molino de viento se desdibujaba para tomar la forma, todavía vaga e intermitente, de un ferocísimo gigante. Algo así le pasa también a los borrachos, que ven las cosas desdobladas, con la diferencia de que en los borrachos las imágenes son exactamente iguales (donde hay un molino ellos ven dos), y en el vislumbre estético las dos imágenes se superponen y gravitan entre ellas hasta confundirse en una plural: un molino que es también un gigante, un rumor de hojas que es a la vez un rumor de olas. Eso se llama metáfora, y nadie expresa mejor ese fenómeno prodigioso que Cervantes: don Quijote lee, lee y lee. Un día levanta los ojos del libro y, oh maravilla, he aquí que en el mundo cotidiano se ha obrado una metamorfosis, como le pasó al pescador al volver a su aldea, como le ocurrió al niño Manuel al acabar el cuento que una vieja le contó debajo de un evónimo. Baciyelmo.
Manuel Pérez Aguado ha invitado a sus alumnos a imaginarse que las dos viñetas de la pizarra se unen y mezclan formando una sola, como los fundidos en el cine, o como la realidad y el sueño cuando estamos en duermevela.Ha seguido un silencio entre cómico y solemne, como suelen ser los silencios escolares. “¿Alguna pregunta?” En el último instante, un muchacho sube un brazo tan alto como puede: “¿Eso entra en el examen?” “Naturalmente”, ha dicho el profesor. “Todo arte participa de la realidad objetiva. ¿Qué sería del Quijote si se eliminasen en él a Sancho, a Sansón Carrasco, al barbero y al cura? ¿Qué sería del cuento del pescador sin el humilde evónimo y la rutina de las campanadas de la iglesia?” Unos segundos de estupor.“Entonces, ¿entra o no entra?”Manuel Pérez se toca el rostro, se hace una máscara con sus manos letradas.“Entra.”